Habilidades transferibles: cómo nombrar lo que aportas a tu próximo trabajo
Comunicación, resolución de problemas, adaptabilidad, organización, liderazgo y aprendizaje te acompañan de un trabajo a otro. Cómo valorarte con honestidad y convertir cada valoración en un ejemplo que un empleador se crea.
Las habilidades transferibles son las que no pertenecen a un trabajo concreto. Una enfermera que pasa a ser coordinadora de proyectos lleva consigo la costumbre de mantener la calma mientras cinco cosas salen mal a la vez. Un estudiante que dirigió un grupo de voluntariado lleva la experiencia de conseguir que la gente se presente sin pagarle. Es fácil pasar por alto estas habilidades en uno mismo porque nunca aparecen en el nombre de un puesto.
Importan sobre todo en un momento de cambio: al cambiar de carrera, al buscar el primer empleo o al preparar una conversación con tu responsable sobre hacia dónde quieres crecer.
Seis áreas
Nuestro Test de Habilidades Transferibles pregunta por seis áreas, con tres afirmaciones cada una:
- Comunicación: explicar una idea complicada de modo que la gente la entienda, escribir para que tu mensaje llegue a la primera, y escuchar en lugar de preparar tu respuesta.
- Resolución de problemas: dividir un problema grande en pasos y encontrar la causa antes de buscar una solución.
- Adaptabilidad: acostumbrarte a herramientas nuevas y seguir adelante cuando los planes cambian a última hora.
- Organización: planificar el trabajo para cumplir los plazos y hacer primero las tareas importantes.
- Liderazgo: dar un paso al frente cuando un grupo está atascado y dar una opinión sincera de forma que la gente pueda aceptarla.
- Aprendizaje: encontrar la manera de aprender una habilidad que necesitas y pedir opiniones para mejorar.
Las afirmaciones son nuestras. Es una lista de autoevaluación: te valoras tú, nadie pone a prueba tus habilidades, y no es un instrumento validado.
Hasta dónde llega una autoevaluación
Las personas solo son moderadamente buenas juzgando sus propias capacidades. En una revisión de decenas de estudios, Michael Mabe y Stephen West (1982) encontraron una correlación media de alrededor de 0,29 entre cómo valoraba la gente su propia capacidad y el rendimiento medido. La mayoría sabemos más o menos dónde estamos, pero con un margen amplio.
Por eso el resultado es un punto de partida. Una puntuación alta te dice dónde buscar pruebas. Una puntuación baja te dice dónde crecer, o dónde has sido modesto.
De una valoración a un ejemplo
Un empleador no se va a creer sin más que eres «bueno resolviendo problemas». Se creerá una historia breve. Para tus dos o tres áreas más fuertes, escribe un ejemplo de cada una en tres partes:
- La situación. ¿Qué estaba pasando? Una frase.
- Lo que hiciste. Tus acciones, en primera persona, no las del equipo.
- Lo que cambió. Una cifra si la tienes: tiempo ahorrado, personas alcanzadas, errores evitados.
Ejemplo de organización: «Nuestra asociación de estudiantes tenía seis eventos en un mes y ningún calendario compartido. Creé uno, asigné a cada evento un responsable y una lista de tareas, y hicimos los seis sin ningún choque de fechas.» Esa frase hace más en una entrevista que una autoevaluación del 90 por ciento.
Los ejemplos valen vengan de donde vengan: trabajo remunerado, estudios, voluntariado, el cuidado de un familiar, un club que organizaste.
Adónde ir después
Las habilidades que tienes son la mitad de la cuestión profesional. La otra mitad es lo que disfrutas haciendo. El test de intereses profesionales de Holland (RIASEC) relaciona tus intereses con tipos de trabajo, y el perfil de fortalezas del carácter se fija en lo que te da energía. Para una visión general de los tests de carrera, lee ¿Qué carrera es la adecuada para ti?.